(Re)pensar la ciudadanía en el siglo XXI [Reseña]

Primera época, número 10, julio-diciembre 2020, pp. 284-288.

Fecha de recepción: 18 de mayo de 2020.
Fecha de aceptación: 23 de junio de 2020.

Autora: Gabriela Pinillos Quintero.1

Lucía Álvarez Enríquez, 2019, (Re)pensar la ciudadanía en el siglo XXI, México: Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Juan Pablos Editor, 235 págs. ISBN: 978-607-30-1599-8.

“(Re)pensar la ciudadanía en el siglo XXI”, es una obra en la que Lucía Álvarez sintetiza y presenta de manera clara el complejo proceso histórico en torno a la noción de ciudadanía, para invitar a reflexionar sobre su vigencia y potencial político, analítico y conceptual que conserva en el siglo XXI, una época en la que han acontecido fuertes y complejos fenómenos sociales que han golpeado a las sociedades modernas y, por tanto, trastocan y superan los límites y alcances de los marcos tradicionales que han dado sustento y preservado la existencia de dicha noción, estos son: los marcos del Estado-nación.

El principal aporte del texto es que lograr sintetizar una historia que por principio es compleja, pues en ella se condensan y yuxtaponen múltiples procesos políticos, económicos y sociales, y eventos que han definido el rumbo y evolución de las sociedades modernas. La obra tiene como eje ordenador de dicho contexto histórico el planteamiento de la ciudadanía como contenedora de los principios sociales básicos: igualdad y libertad.

Podría decirse que es sobre la ponderación de estos dos principios básicos, desde los orígenes de la ciudadanía en las sociedades primigenias hasta la consolidación de la noción de ciudadanía moderna, que han surgido las principales disputas, dilemas y conflictos en torno a su legitimidad y validez, así como de la reflexión de la coherencia entre la teoría y la realidad. La ciudadanía neoliberal, como la expresión más acabada de la ciudadanía liberal, se ha fincado en el principio de libertad individual, dejando a la igualdad como un elemento formal o abstracto y fortaleciendo la exclusión y la profundización de múltiples desigualdades sociales. De allí que nuevas nociones de ciudadanía hayan surgido en la búsqueda por contrarrestar estos procesos que han dejado en desventaja a un número cada vez más creciente de personas en todo el mundo.

Así mismo, otro aporte central de la obra se sitúa en la presentación de la noción-idea de ciudadanía como un elemento para pensar la evolución de la sociedad y la confluencia de los distintos procesos políticos, económicos y sociales en una surte de línea de tiempo, que la lleva a revelarse como mediadora entre el capitalismo y la democracia.

El libro es una lectura obligada en tanto que otorga elementos conceptuales y contextuales sobre un proceso de construcción de ciudadanía, que podríamos llamar “acumulativo” en cuanto a que en él se han ido agregando distintos usos y significados que, en lugar de descartar a la ciudadanía como categoría de análisis, la posicionan de nuevo con un gran potencial como “un recurso de expresión, identidad y horizonte de sujetos sociales” (p. 206). Y por tanto, la sostienen como un referente de análisis frente a los fenómenos mundiales con los que, por un lado, se ha dejado en evidencia —como arguye la autora— la puesta en jaque de las instituciones encargadas de la ciudadanía y sus marcos tradicionales, y en donde ya no es el Estado “el locus” de atención de ésta, sino que son distintos y cada vez más diversos escenarios y actores los que participan en su construcción, y que, además, sigue representando.

Los distintos usos y significados que fueron agregándose a lo largo del tiempo a la noción de ciudadanía, la convirtieron en un espacio de intermediación entre la democracia y el capitalismo y condujeron a la reflexión de la compatibilidad entre teoría y realidad. De allí que la centralidad que posee y mantiene dicha noción-idea radica en ser objeto de reflexión, análisis y disputa en todos los ámbitos.

La obra se ordena en dos bloques, en el primero, la autora recupera y reconstruye el proceso histórico de construcción de la idea de ciudadanía desde las sociedades primigenias (romana y griega) y la influencia que estos principios han tenido en el desarrollo y conformación de las sociedades modernas. En todo este escenario la autora deja puesto de manifiesto el carácter etnocéntrico de la noción de ciudadanía liberal, que se fortalece en la consolidación del sistema capitalista, la pretensión de expansión planetaria de ésta a lo largo del siglo XX, y la influencia de los procesos de las sociedades europeas y norteamericana en la formación de los Estados nacionales en América Latina. En donde, es importante decirlo, la implantación de la noción de ciudadanía se dio en forma de sincretismo, que combinaba las formas de orden y gobiernos ya existentes, particularmente como ocurrió en México. Al respecto la autora ofrece una amplia literatura que remite a comprender más a fondo estos procesos.

En el segundo, una vez descrita la formación de una noción hegemónica de ciudadanía de corte liberal que ha sido objeto de cuestionamientos y ha dado lugar a nuevos enfoques y planteamientos y que, en lugar de pensarla como categoría obsoleta, conducen a pensar en la posibilidad de reformarla o refundarla, la autora describe el escenario actual acontecido en las primera décadas del siglo XXI que desafía los marcos tradicionales sobre el que se ha sostenido dicha noción de ciudadanía y plantea “unas líneas de reflexión y rutas posibles que puedan responder a la vigencia y la pertinencia de la ciudadanía en la actualidad” (p. 199).

Frente al escenario mundial del siglo XXI, la autora destaca fenómenos y procesos trascendentales de alto alcance que han ocurrido también como resultado de la evolución y los desfases del sistema capitalista: la urbanización-globalización, la diversidad y expansión de la informalidad y la intensificación de las migraciones. Todos estos procesos se intersectan y retroalimentan y es preciso observarlos manera diacrónica y sincrónica, pero es importante enunciarlos de manera separada por cuanto revelan un escenario complejo sobre el que la reflexión de la ciudadanía se hace cada vez más pertinente.

El tema alrededor de los procesos de movilidad poblacional y del fenómeno migratorio que la autora plantea representa otro de los elementos que otorgan centralidad a la obra como texto imprescindible para quienes nos interesamos en el estudio de estos temas. Así como para actores políticos y líderes de organizaciones sociales dedicadas al trabajo por el bienestar de las poblaciones migrantes.

La primera parte se distribuye en una revisión histórica de la conformación de la ciudadanía y los procesos insertos en dicho proceso en tres capítulos. La autora se centra en describir el surgimiento de la ciudadanía como relación eminentemente política y como estatus, es decir, se define como un vínculo entre el individuo y la comunidad política de pertenencia, principio que ha trascendido hasta la actualidad, pero que ha conducido a múltiples cuestionamientos, fundamentalmente centrados en el carácter excluyente que ello implica y el de una democracia limitada a una comunidad reducida.

En este proceso se construye la equiparación entre las nociones de nacionalidad y ciudadanía, lo que me parece necesario destacar, pues ello ha dado lugar a confusiones y disyuntivas que se traducen en la práctica en el fortalecimiento de procesos de exclusión y que trascienden en serias dificultades en el acceso de derechos para ciertas poblaciones.

Luego, en la revisión sobre los procesos ocurridos en siglo XX, en donde las incompatibilidades entre democracia y capitalismo se hacen más evidentes, la autora muestra las contradicciones y las iniciativas que han surgido como respuesta ante los efectos sobre el bienestar de sectores de la población que han quedado en desventaja y por fuera de los “privilegios” de la ciudadanía. Una época marcada por el fallido intento de implementación del Estado social de derecho, las crisis de los periodos de postguerra, y la centralidad que tomó la discusión de los derechos sociales y la discusión sobre el papel del Estado, hasta la reducción definitiva de éste hacia fin de siglo, en donde se implanta el camino hacia un modelo económico neoliberal, cuyo principal representante fue Milton Friedman, modelo que dejó de lado la propuesta de consolidación de un Estado de Bienestar que había sido promovida por autores como Thomas H. Marshall. Todo ello con repercusiones importantes en la ciudadanía y la democracia.

Así, en la segunda parte, distribuida en cinco capítulos, en la que la autora nos sitúa en el presente siglo de cara a los principales fenómenos que han acontecido en este tiempo, la discusión se traduce ahora en una reflexión sobre la naturaleza del concepto, el cual es definido por la autora por su densidad y la polifonía de voces y experiencias que se acumulan en él y que han conducido a nuevas nociones en los distintos ámbitos: posnacional, nacional, subnacional.

No obstante, en cada uno de estos ámbitos y dimensiones confluyen importantes elementos que agregan valor y contenido al concepto, pero que también dejan espacios vacíos e interrogantes por responder. Por ejemplo, en el ámbito posnacional, la autora se pregunta ¿quién sería el garante de la efectividad de los derechos?, en el ámbito subnacional ¿son las ciudades y las localidades los espacios legítimos de construcción de ciudadanías? Y si es así ¿cómo evitar —en palabras de la autora— una balcanización? ¿Quiénes son los ciudadanos?, ¿historizar la ciudadanía y actualizarla para que sirva de herramienta y recurso de expresión de distintos grupos y/o sujetos sociales? O aceptar su carácter de exclusión y crear otros mecanismos para las poblaciones que actúan y viven cotidianamente por fuera de esos márgenes que fueron predominantes, pero que han quedado cada vez más desbordados. A este respecto me parece central el planteamiento que hace la autora acerca de que, en todo caso, “la ciudadanía como fue concebida ya no es tal, pues se fundó en el seno de estados fuertes que hoy no tienen esa fuerza, éste ha dejado de ser la garante de los derechos ciudadanos” (p. 204), por lo que la dirección quizás sea el reconocimiento sobre la pluralidad de ciudadanías.

Por último, no puedo dejar de pensar en la importancia y pertinencia de esta obra en el tiempo en que escribo esta reseña, junio de 2020, la llegada de la pandemia COVID-19 que viene a ampliar el escenario complejo mundial y que nos advierte sobre una profunda crisis, de allí que sea decisivo el cuestionamiento de la autora: “¿refundar el Estado o reformarlo?” (p. 216). Pudiera ser que revisar la historia que recupera Lucía Álvarez en su libro, sobre las experiencias que han dejado otras crisis, nos brinde algunos elementos que, sumados a las tecnologías y avances actuales, nos permitan caminos y rutas óptimas para salir de este difícil escenario. Quizás estemos a puertas del surgimiento de un nuevo paradigma que plantee un nuevo escenario político y social mundial.

Más allá de todo esto, quisiera destacar, como una reflexión central para las ciencias sociales y a la que nos invita la autora al final de su obra, pensar en nuestra pretendida aspiración de construir conceptos y nociones de validez universal, y reflexionar sobre la naturaleza temporal y móvil de los conceptos que se construyen para intentar comprender fenómenos sociales que, a su vez, son cambiantes.


 

  1. Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Estudios Regionales por El Colegio de la Frontera Norte (COLEF), México. Actualmente es Investigadora Posdoctoral en el Seminario Migración, Desigualdad y Políticas Públicas de la Red de Estudios sobre Desigualdades de El Colegio de México (COLMEX), México. Líneas de investigación: desigualdades y procesos de construcción de ciudadanía, poder y control del Estado, fronteras, movilidad y deportación. Contacto. gpinillos@colmex.mx.